¿Hay solución al problema del tráfico?

El pasado 11 de noviembre se impusieron por primera vez restricciones a la velocidad que se podía alcanzar en las vías de acceso y circunvalación de la ciudad, y al día siguiente, restricciones de aparcamiento en las zonas del SER para aquellos que no fueran residentes.

Aplaudo las medidas adoptadas por este ayuntamiento, y que ya las dejó definidas el equipo de Botella, aunque ésta nunca tomó medidas tan drásticas. El problema es real, y aunque a muchos conductores, y vecinos les haya ocasionado una molestia estos días, hay que tener en cuenta que es por el propio bien de la ciudadanía. Y hay que agradecer, que este Ayuntamiento no se haya dejado amilanar, y decidiera con sensatez aún a sabiendas de que la decisión iba a causar grandes trastornos.

El problema real

Ahora, una vez aplaudida la actitud del ayuntamiento, quiero poner de manifiesto el origen del problema: y es el NO2 y otros óxidos del nitrógeno, pero éste especialmente. Éste contaminante, además es perjudicial para la salud, irrita las vías respiratorias y las mucosas, y son los coches diesel los principales causantes de estas emisiones. Durante muchos años se ha vendido que los coches de gasoil eran más “verdes”, pero lo cierto es que sólo atendiendo a los gases de efecto invernadero, como es el CO2. En general emiten otros contaminantes, como NO2, dioxinas y otras partículas en suspensión que hacen que la nube contaminante “pese” y se quede anclada al suelo de la ciudad.

Quizás, lo primero que deberían hacer las autoridades competentes, es quitar las subvenciones que tenían estos coches por ser más “verdes” que otros. Si no alcanzaban unas tasas de emisión de CO2 no pagaban el impuesto de matriculación, entre otros. Esto ha hecho, que un alto porcentaje de coches en España sean diesel.

Pero ¿qué más puede hacer el Ayuntamiento?

Hasta ahora las medidas las ha sufrido la ciudadanía. Pero el Ayuntamiento también tendría que haber puesto más de su parte. En este protocolo de emergencia, el transporte público debería ser gratuito esos días. Si lo que se quiere es evitar que la gente se lleve el coche, hay que ayudar a tomar esa decisión, y poner las cosas fáciles.

Y luego, ya dejando de un lado las urgencias puntuales de estas crisis, hay que diseñar un plan estratégico más a largo plazo, que ahorre emisiones contaminantes.

Lo primero que debe comprobar el Ayuntamiento es cuántos vehículos tiene de este tipo en circulación por la ciudad: prestando especial atención a los autobuses de la EMT, a los camiones de basura, etc.. Muchos de estos vehículos se puedan adaptar a otros combustibles como el gas licuado.

Otro punto a estudiar sería ver cuantos empleados públicos utilizan sus vehículos privados. E incentivar el uso del abono de transportes.

Por otro lado, proponerse como objetivo, sacar a coches de las calles y carreteras, pero este plan debería ser en colaboración con la Comunidad de Madrid, pues tienen mucho que decir ambas partes. Tenemos un modelo de transportes centralizado. Casi para ir de cualquier ciudad en Madrid a otra en transporte público hay que pasar por Madrid. Eso hace que: el transporte publico de la ciudad esté más congestionado de lo que debería, que haya tiempos eternos, mucho mayores de lo necesario, para hacer esos trayectos, y que la gran mayoría opte por llevarse su propio vehículo, ya que la red de transporte no le ofrece una alternativa ventajosa a dejar el coche aparcado.

Por ejemplo, alguien que viva en el sur de la comunidad: Alcorcón, Leganés, Getafe, Fuenlabrada o Móstoles, que entre estas ciudades suman más de 2 millones de habitantes y que tengan que desplazarse a trabajar al norte: Alcobendas, Las Tablas, Tres Cantos, etc… Es una situación muy normal, que hace que por las mañanas se mueva una ingente población de sur a norte, y por las tardes en sentido contrario. En transporte público, por ejemplo, la línea 10 de metro, de Alcorcón a Alcobendas (La moraleja), que es línea directa, y casi el camino más rápido de los propuestos, es 1 hora y 43 minutos. Eso sin incidentes. Y en dinero es una pasta si lo tienes que hacer todos los días.

Al final ves todas las mañanas a miles de personas, cada una, montada sola en su coche, que pesa casi dos toneladas, y moviéndolo de casa a su trabajo, haciendo 80 Km al día. Cada autobús que metieran en la M-40 ahorraría 50 coches, 50 personas, se dejarían de mover 100 toneladas y se emitirían menos gases… Pero para que eso pase, el consorcio de transportes, tiene que estudiar los movimientos laborales de la población. Y premiar e incentivar el uso del transporte público. No sólo penar el uso del vehículo privado. Hay que pensar, que la gran mayoría de personas que lo usan, es porque no tienen una alternativa realmente viable o aceptable en la red pública de transporte.

En otros países, se premia la actitud ciudadana con metrobuses. Recuerdo un artículo que leí de Curitiva, en la Investigación y Ciencia, que la gente recogía basura allí donde no llegaba el ayuntamiento, y se la canjeaban por billetes de autobús. A lo mejor hay que hacer lo propio con quien lleve bidones de aceite para reciclar a un punto verde.

La solución a largo plazo del tema de los “malos humos”, pasa por tomar decisiones estructurales en la red de transporte público, abaratar la tarifa, e incentivar su uso en colaboración con las empresas, las asociaciones, los colectivos y los sindicatos.

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