D. Pedro Téllez de Girón

Cuenta Répide en El Madrid de los abuelos que la quinta de Cárdenas se halla a la derecha del más alto de los Carbancheles.

Es una vieja casa campestre entre olmeda, cipresal y rosas trepadoras. Cerca, un olivar lleva a una ermita visitada por  una dama a quién espera un trono  y donde también se postró “un alto caballero que había tenido cetro de más de un reino entre sus manos”. La ermita está en un altozano desde donde se ve Madrid en sus colinas.  La dama va a misa con su madre y su hermana mayor. La madre es la Condesa de Montijo. La hermana Francisca será Duquesa de Alba y la dama, la menor de las dos hermanas, es Eugenia que será Emperatriz de los franceses.

La quinta fue propiedad de D. Iñigo de Cárdenas hasta su muerte en 1617. Era una casa de campo espléndida.

En cuanto al alto caballero era gran amigo de Quevedo: D. Pedro Téllez de Girón, tercer Duque de Osuna y virrey de Nápoles y de Sicilia. La quinta fue su prisión. Este gran establista, según Répide, hacía temblar a Venecia, al Piamonte y al Santo Padre. Pasó de la grandeza a la desgracia cuando le arrestaron cerca del Palacio de la Villa el 8 de abril de 1621. Sobre su proceso, muerte y gran parte de su biografía quedan muchas incógnitas y tergiversaciones. Según Répide “el magno príncipe, que era un espíritu hijo de Carlos V”  fue llevado de la quinta de Cárdenas a la huerta del Condestable, camino de Alcalá y murió en la casa de Gil Imón de la Mota el 25 de septiembre de 1624 a las nueve de la mañana. Quevedo, implicado en el proceso, le dedicó preciosos versos:

Faltar pudo su Patria al gran Osuna,
pero no a su defensa sus hazañas;
diéronle muerte y cárcel las Españas,
de quién hizo esclava la fortuna.

Lugares donde, “en tiempos que recuerdan los viejos árboles, vagaron sombras de realeza”.

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