La Comunidad de Madrid en versos

Un documento de Eduardo Tejero Robledo titulado Literatura culta y popular en la Comunidad de Madrid nos aporta un interesante estudio de nuestra comunidad a través de muchos autores. Aquí solamente se expone una parte de tan interesante trabajo de recopilación.

“En textos de Literatura culta también encontramos múltiples referencias a Pueblos, Sitios Reales, ríos y productos de la Comunidad de Madrid.

PUEBLOS

Alcalá de Henares, ciudad universitaria, gracias a Cisneros, traía de cabeza a la justicia, por aquello del fuero, por lo que en El valiente justiciero, de Moreto, se dice:

¿No hay justicia en Alcalá?
Pues ¿agora dudáis eso?
Es lugar estudiantino,
y si alguno hace un mal hecho,
en partiéndose a Alcalá
es lo mismo que a un convento.

Quevedo recuerda en El buscón la vida estudiantil con su ingenio, bromas crueles, como vimos, y el hambre, pandemia general de los estudiantes del Siglo de Oro.
Leandro de Moratín sitúa en una posada de Alcalá, llena de mugre y ruido, la acción de El sí de las niñas.
El traslado de la Universidad de Alcalá de Henares a Madrid ocasionó la decadencia más absoluta. Por esta razón, Unamuno escribía: “En Alcalá es todo tristeza, y si se fuera la guarnición quedaría desolado el cadáver terroso de la corte de Cisneros”.

Alcorcón, famoso por sus alfares, es tema de un entremés de don Francisco Benegasi y Luján, arenense afincado en Madrid.
En El amor ollero de Alcorcón, habla el Amor disfrazado de vendedor de ollas:

Que soy el Amor
que con una carguita de barro vengo
de Alcorcón a Madrid
cantando y diciendo:
“Olla, cántaro, barreño”.

El castillo de Batres fue propiedad de Garcilaso de la Vega. A la Fuente de Garcilaso dijeron versos Lope y Góngora, quienes invitaban a detenerse al viajero:

Caminante,
si pudieres, perdona
al paso un solo instante.

Bayona, en las riberas del Jarama, retoponimizada en Titulcia a principios del siglo XIX, para evitarle a Fernando VII un mal trago con el recuerdo de Bayona de Francia, mereció la cita de Lope en La noche toledana

A la barca de Bayona
madrugo y atento miro,
los diques en medio del agua
contra su curso excesivo.

Daganzo es ironía para Cervantes en el entremés de La elección de los alcaldes de Daganzo donde triunfa la ignorancia y la obsesión de la limpieza de sangre, antes que de la inteligencia y la competencia.

Getafe tiene alabanzas del generoso Lope en La villana de Getafe. Tirso creó o recreó en Desde Toledo a Madrid una seguidilla que se hizo famosa, ya que Getafe era paso obligado de Madrid a Toledo:

De Madrid a Getafe
Ponen dos leguas
Veinte son si la calle
Se pone en cuenta.
¡Jesús, qué larga!
¡Jesús, qué larga!

Majadahonda da pretexto para una muy conocida reflexión lingüística de Cervantes:

“El lenguaje puro, el propio, el elegante y claro está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majadahonda” (Don Quijote II, 19).

Pío Baroja publicó en 1908 La dama errante, que cuenta la huida del Doctor Aracil y sus hijas tras el atentado de Mateo Morral a los Reyes en la calle Mayor de Madrid.
Pasan los huidos por Campamento, Alcorcón, Villaviciosa, Chapinería, Navas del Rey, San Martín de Valdeiglesias, Valle del Tietar y luego se pierden en Portugal. Baroja describe estos pueblos con reflexiones sombrías.
Ciro Bayo plasmó la misma ruta en El peregrino entretenido, con visión menos sombría.

REALES SITIOS

Los poetas cortesanos escribieron de los sitios reales cercanos a Madrid. También los viajeros extranjeros nos han dejado juicios sobre estos Palacios.

Aranjuez recibió el máximo elogio en La Noche toledana de Lope. Gracián comparaba una librería selecta con un Aranjuez de Mayo. Ciro Bayo lo valoraba como un delicioso oasis en medio del desierto.
José Luís Sampedro ha sumado su Real Sitio, al tratamiento singular de otras artes: jardines de Rusiñol, concierto de Rodrigo…

El Escorial tuvo opiniones a favor y en contra, como la de P. de Mariana, que juzgaba el entorno “estéril y escabroso”.
Mas adelante llegó el desdén de los románticos con Th. Gautier, Quintana… que se prolongó hasta P. Verlaine, influidos por la leyenda negra.
Sin embargo, el P. Sigüenza redactó una famosa historia de la construcción del Monasterio que pasa por autoridad en la lengua.
Góngora redondeó un soneto hiperbólico:

Sacros, altos, dorados capiteles,
Que a las nubes borráis sus arreboles.
Y Febo os teme por más lucientes soles
y el cielo por gigantes más crueles…
Perdone el tiempo, lisonjee la Parca
La beldad desta Octava Maravilla
Los años deste Salomón Segundo.

Gracián en El Criticón lo sentenció “como último esfuerzo de las artes”. En nuestro siglo, es muy conocida la opinión de Ortega y Gasset para quien El Escorial era “nuestra piedra máxima” y algo más: “ La mole adusta de san Lorenzo expresa acaso nuestra penuria de ideas, pero a la vez nuestra exuberancia de impetus”.

RÍOS

El Manzanares se lleva la atención de grandes ingenios, para satirizarlo, normalmente.
Quevedo insiste en el lugar común:

Mazanares, Manzanares,
Arroyo, aprendiz de río.

Pero Lope lo llama “fugitivo cristal”. Y en Santiago el verde escribe una seguidilla muy recordada:

Manzanares claro,
río pequeño,
por faltarle agua,
corre como fuego.

En época de baños, el Manzanares, lleno de Evas y Adanes, era el Valle de Josafat, como informaba Lope en La Dorotea. Y Vélez de Guevara escribe en El diablo cojuelo que con tan poco agua se podía decir como en Misa: “Ite, río est” (Vamos, se acabó el agua).
Para tan exiguo caudal, el Puente de Segovia parecía excesivo para río tan pequeño, hasta el punto que Góngora se burlaba así:

Duélete de esta puente, Manzanares

Y luego Lope:

Quítenme aquesta puente, que me mata,
señores regidores de la Villa.

Las riberas del Jarama dieron fama a sus toros jarameños alabados por Lope, Góngora, Tirso, Quevedo, Mira de Amescua, aunque siempre se recordará la quintilla de Moratín en Fiesta de toros en Madrid que comienza:

No en las vegas del Jarama
pacieron la verde grama
nunca animales tan fieros,
junto al puente que se llama,
por sus peces, de Viveros.

Pero el río va a tener máxima resonancia literaria en El Jarama (1956) de Sánchez Ferlosio, escrita con la técnica objetiva del neorrealismo. Es una novela de personajes banales, parábola de un mundo cerrado, sin horizontes ni transcendencia.

El Henares pasa por los versos de Mio Cid, Juan Ruiz, Lope, etc. Cervantes pone en sus orillas relatos de La Galatea.

Juan Ruiz menciona al Alberche en la Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma:

Las truchas del Alberche dábanle en la mejilla.

PRODUCTOS NATURALES EN LA LITERATURA

Entre los productos naturales de la antigua provincia de Madrid, recogidos  en la literatura, el vino fue el más popular.
El de San Martín ha reunido una larga cosecha de alabanzas en la Celestina, Jorge Manrique, Cristóbal de Castillejo, Cervantes, Tirso de Molina, y otros.

Góngora recordaba el requesón de Colmenar Viejo al que llamaba “panal de suero cocido”.

El pan de Meco era famoso, como el de Vallecas. Violante en La Villana de Vallecas, de Tirso de Molina, decía que “por branco y sazonado,/ en Madrid era estimado”.
Para los que quieren leer más, ver:

https://revistas.ucm.es/index.php/DIDA/article/download/DIDA9494110229A/20189

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